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miércoles, enero 12, 2005

Érase una vez...

Siempre quedarán, kilómetros abajo,

En nuestra memoria, kilómetros arriba,

En fantasías de cuento, fuerzas,

De Hércules propias o febril encantamiento,

Que permitan hasta al más débil

Y enclenque de alma, respirar vida.


Siempre será atisbo de luz recuperable

Todo sol perdido, todo foco soñado.

Ilusión de cuentos grises la alegre

Falacia que invita a salir del agujero negro,

Como una verdad revelada. Y es en cierto,

La verdad con más solera, que todo

Enano ciego ve cuando una muchacha es bella.


Siempre grabado en impíos corazones,

En los más puros escaparates de la corrección

También, permanecerá el resplandor

De la felicidad disfrutada, inconsciente

Pecado del cual no se cobra tributo

Hasta derramada en lágrimas la pérdida.


Siempre será capaz el preso de pensamiento

De desencadenar sus ojos, su cabello,

Su torcida boca, no más que cueva de bulos,

Para recibir la muerte con el miedo limpio,

Con la voluntad sincera, con el desnudo al aire

Y el repentino lacónico vigor fúnebre.


Sea el principio, el término o el curso de una razón,

Una sonrisa, una vida, hundido, que no habrá de

Envidiar a las caducas hojas su condición.

Que no hay perenne desdicha sin almenas de luz,

Por las que lanzar flechas de socorro, por las que

Encontrar que era mito que no crecía, bajo tierra, la esperanza.


Sea el deseo en fase REM, el de teorizar despierto,

Hecho palpable. ¿No es lo escrito cierto

Y lo cierto alguna vez plasmado en papel?

Fuerzas de niña de cuento son las que hoy,

Recreando su cántico, quiero hacer crecer.

Imposibles tornáronse reales. Érase una vez...

uKa